sábado, 16 de abril de 2016

LA VERDADERA LIBERTAD
Ocurre una cosa sorprendente. Bueno, en el ser humano todo es sorprendente e increíble.
La libertad que tiene, la toma como si la hubiese creado él. Olvida olímpicamente y con total desprecio a Aquel que se la ha regalado: ¡Pues vaya una libertad; si todo está prohibido o es pecado hacerlo! Pero hombre, pero mujer, encima que velan por todos nosotros, algunos lo despreciáis, lo rechazáis, lo criticáis. ¡Claro; no entendéis!, ese es el problema.
                Los Mandamientos de Moisés son una alerta de peligro, no una prohibición. Dicen: No Hacer esto, aquello, eso otro…,  no dice que esté prohibido: ‘Prohibido mentir’. No; dice “No mentirás”, “No adulterarás”, “No te apropiarás de lo ajeno”, “No matarás”…
Me está diciendo a mí, que si hago esas cosas, también otros pueden hacer lo mismo conmigo o en contra mía, que así es. De modo que ¿qué es?, ¿prohibición, sometimiento, restricción, carga psicológica, imposición autoritaria? Hay quien dice: “Es que Dios no nos deja ni movernos”. ¡Vamos, por favor!, a ver si nos centramos un poco.
Cuando Caín mata a su hermano Abel, está asustado porque: “Ahora, cualquiera que me encuentre me puede matar a mi”.  (Gn 4, 14) A éste sí le han funcionado las meninges. No siente arrepentimiento, sino algo peor, MIEDO. Y si vamos acumulando miedos, que es lo que hacemos normalmente, así llegamos a donde estamos: Inseguridad total, falta absoluta de paz, falta de amistad, falta de entendimiento, etc. etc.
Hay quien piensa: “¡Qué bien está eso de romper las reglas y disfrutar del amor prohibido!” Si, puede que esté bien, pero ya veremos cuando lo hagan contra ti como te sienta.
“Engañar y mentir y falsear” puede estar muy bien para un Ego un tanto excéntrico, pero casi seguro que también a él se lo harán.  Luego decimos: ¡Cómo está el mundo! ¡Esto es insoportable! ¡Esto es un asco! Solo hay maldad y mentiras en la gente.
¿Y quién lo ha puesto así, Dios y sus Mandamientos, o el ser humano que frenéticamente busca conculcar esos mandamientos?
Así, lo que está para facilitar la vida, como advertencia del mal donde podemos caer, se convierte en el mayor infierno que podamos conocer. Y, desde luego, no es Dios el responsable. Dios lo ha hecho, igual que todo lo demás, para que nuestra vida transcurra en paz y armonía. 
¿Permitiría el hombre que los robots que diseña y construye pudiesen pensar por su cuenta, actuar por su cuenta y contravenir sus expectativas y proyectos? NO CREO. Pues Dios sí que lo permite. Pero eso se llama libertad, no represión, ni atadura, ni imposición autoritaria…
Pero el hombre sí que actúa así con sus ‘criaturas electrónicas’, porque si le falla la máquina, por muy inteligente que sea, le puede destruir a él mismo.

La Grandiosidad de Dios está en que ése ser libre, que puede pisotear los Mandamientos y mofarse de todas sus recomendaciones, puede, en su libre albedrío y voluntad propia, ver la que está ‘montando’ (la que ya han montado otros y continuamos) y encaminarse hacia el Padre, porque en él está la paz, la concordia y la felicidad. Volvemos, una vez más, al “Hijo Pródigo” de Lucas 15. Este relato, con ser un cuento, resulta que tiene unos personajes que encajan perfectamente en cualquier alma humana. Ahí está la verdadera libertad: volver a Dios por propia iniciativa. Soy libre para alejarme, para hacer el mal, y soy libre para dirigirme a Dios y rogarle que me perdone por mi vida pasada. Me parece que esta libertad sobrepasa, con mucho, las expectativas que pueda tener el hombre sobre el tema libertad. 

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