LA VERDADERA
LIBERTAD
Ocurre una cosa sorprendente. Bueno, en el ser humano
todo es sorprendente e increíble.
La libertad que tiene, la toma como si la hubiese creado
él. Olvida olímpicamente y con total desprecio a Aquel que se la ha regalado:
¡Pues vaya una libertad; si todo está prohibido o es pecado hacerlo! Pero
hombre, pero mujer, encima que velan por todos nosotros, algunos lo
despreciáis, lo rechazáis, lo criticáis. ¡Claro; no entendéis!, ese es el
problema.
Los
Mandamientos de Moisés son una alerta de peligro, no una prohibición. Dicen: No Hacer esto, aquello, eso otro…, no dice que esté prohibido: ‘Prohibido mentir’.
No; dice “No mentirás”, “No
adulterarás”, “No te apropiarás de lo ajeno”, “No matarás”…
Me está diciendo a mí, que si hago esas cosas, también otros
pueden hacer lo mismo conmigo o en contra mía, que así es. De modo que ¿qué es?,
¿prohibición, sometimiento, restricción, carga psicológica, imposición
autoritaria? Hay quien dice: “Es que Dios no nos deja ni movernos”. ¡Vamos, por
favor!, a ver si nos centramos un poco.
Cuando Caín mata a su hermano Abel, está asustado porque:
“Ahora, cualquiera que me encuentre me
puede matar a mi”. (Gn 4, 14) A éste sí le han funcionado las
meninges. No siente arrepentimiento, sino algo peor, MIEDO. Y si vamos
acumulando miedos, que es lo que hacemos normalmente, así llegamos a donde
estamos: Inseguridad total, falta absoluta de paz, falta de amistad, falta de entendimiento,
etc. etc.
Hay quien piensa: “¡Qué bien está eso de romper las
reglas y disfrutar del amor prohibido!” Si, puede que esté bien, pero ya
veremos cuando lo hagan contra ti como te sienta.
“Engañar y mentir y falsear” puede estar muy bien para un
Ego un tanto excéntrico, pero casi seguro que también a él se lo harán. Luego decimos: ¡Cómo está el mundo! ¡Esto es
insoportable! ¡Esto es un asco! Solo hay maldad y mentiras en la gente.
¿Y quién lo ha puesto así, Dios y sus Mandamientos, o el
ser humano que frenéticamente busca conculcar esos mandamientos?
Así, lo que está para facilitar la vida, como advertencia
del mal donde podemos caer, se convierte en el mayor infierno que podamos
conocer. Y, desde luego, no es Dios el responsable. Dios lo ha hecho, igual que
todo lo demás, para que nuestra vida transcurra en paz y armonía.
¿Permitiría el hombre que los robots que diseña y
construye pudiesen pensar por su cuenta, actuar por su cuenta y contravenir sus
expectativas y proyectos? NO CREO. Pues Dios sí que lo permite. Pero eso se
llama libertad, no represión, ni atadura, ni imposición autoritaria…
Pero el hombre sí que actúa así con sus ‘criaturas
electrónicas’, porque si le falla la máquina, por muy inteligente que sea, le
puede destruir a él mismo.
La Grandiosidad de Dios está en que ése ser libre, que
puede pisotear los Mandamientos y mofarse de todas sus recomendaciones, puede,
en su libre albedrío y voluntad propia, ver la que está ‘montando’ (la que ya
han montado otros y continuamos) y encaminarse hacia el Padre, porque en él
está la paz, la concordia y la felicidad. Volvemos, una vez más, al “Hijo
Pródigo” de Lucas 15. Este relato, con ser un cuento, resulta que tiene unos
personajes que encajan perfectamente en cualquier alma humana. Ahí está la
verdadera libertad: volver a Dios por
propia iniciativa. Soy libre para alejarme, para hacer el mal, y soy libre
para dirigirme a Dios y rogarle que me perdone por mi vida pasada. Me parece
que esta libertad sobrepasa, con mucho, las expectativas que pueda tener el
hombre sobre el tema libertad.
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